De vuelta en Navalmoral de la Mata 20 años después de salir a recorrer el mundo, este joven abogado especialista en extranjería nos habla de cómo es volver a su pueblo, cómo se ve la inmigración en el resto de los países y qué podemos hacer en nuestra zona para ayudar a la integración de una inmigración tan necesaria como inevitable.
3 objetos que cuentan una historia
Son las 13:30 y la siesta se hace notar en la plaza del Ayuntamiento de Navalmoral de la Mata. La tranquilidad solo es interrumpida por las voces de algunos adolescentes que salen de la escuela. Hasta allí llega el joven abogado Óscar Mussons, especialista en extranjería y relaciones internacionales y director de la consultora IntegraEx. En sus manos trae tres objetos llamativos que vienen a servir de testigos de la historia que nos contará: la historia de un joven moralo que, luego de 20 años fuera del pueblo, ha regresado con una importante misión.
Óscar nació el 5 de septiembre de 1986, en Salamanca. Pero para él eso es solo una circunstancia. Él se siente más moralo que charro, porque Navalmoral es la ciudad a la que llegó con apenas 2 años, cuando sus padres se mudaron por motivos de trabajo.
Cursó la primaria en los Maristas, antes de pasar al bachillerato en el Augustóbriga. Allí se despertó una de sus grandes pasiones: el mundo. Justamente fue uno de esos tres objetos el que despertó la llama por viajar: un álbum de cromos de países del mundo que a principios de los 90 lanzó la editorial de Ramón Barbado: el “Mundi Álbum”.
Todavía recuerda haber sido uno de los primeros (si no el primero) en completar el álbum y haberse presentado con su madre para retirar su premio: una camiseta.
Al cumplir los 18 años, Óscar se mudó a Madrid para estudiar Derecho y Relaciones Internacionales.
“Mi idea siempre había sido usar la abogacía para algún día ser diplomático. Siempre me ha gustado mucho aprender idiomas, la diplomacia y la idea de ser embajador. Siempre creí en el diálogo y el derecho como herramienta para mejorar el mundo”.
El surgimiento de las aerolíneas low cost y su cercanía con Barajas le permitió viajar por toda Europa y conocer muchos de los países que había visto en los cromos.
“Bastaban unos 100 euros para hacer un viaje de dos o tres días a un destino de Europa”.
También aprovechó la oportunidad para estudiar inglés en Brighton, algo que sería clave en sus oportunidades futuras.
Sus pasiones —la justicia, los derechos humanos y los viajes— lo convencieron de que podía “ser una pieza que encajase dentro del beneficio de la humanidad”, como él mismo recuerda.
“Yo siempre vi el derecho como una herramienta que se podía usar en el ámbito internacional para evitar guerras y conflictos, para defender los derechos humanos, para defender a personas en situaciones injustas y ayudar a refugiados y solicitantes de asilo”, explica, y agrega que “desde pequeño siempre me molestaba ver situaciones de abuso”.
Viajando con bajo presupuesto, Óscar conoció toda Europa, Latinoamérica, Rusia y algunos países de África. Llegó a vivir y trabajar en Serbia, Bulgaria, Turquía, Estados Unidos y Vietnam, antes de radicarse en Australia, donde vivió los últimos 8 años.

Desde entonces, ha seguido viajando de forma constante, acumulando experiencias en más de 140 países, siempre con la misma curiosidad y ganas de entender el mundo desde dentro.
Sus empleos estuvieron casi siempre vinculados al asesoramiento internacional, a la atención de personas migrantes y la defensa de los derechos humanos, aunque también recuerda incluso haber dictado clases de inglés para estudiantes de primaria en Vietnam durante unos meses.
Llegó a Australia cerca del límite de edad para acceder a una visa de trabajo para jóvenes. Pero el país le apasionó, y su empleo y nacionalidad española le permitieron acceder a la ciudadanía australiana en cuatro años.
Justamente es el pasaporte australiano el segundo de los curiosos objetos que Óscar traía consigo.
El tercero de los objetos que acompañan el relato de Óscar es un didgeridoo. Se trata de un instrumento de viento aborigen australiano hecho con madera ahuecada por las termitas. Tiene más de un metro y medio de longitud y, al hacerlo sonar, atrae las miradas curiosas de quienes transitan por la plaza.
Óscar le tiene un gran cariño que va más allá de la música. Ese objeto se conecta con las experiencias y vínculos que el joven abogado tuvo con las comunidades aborígenes de Australia que, según recuerda, tienen un modo de organización comunitaria que él valora especialmente.
De sus viajes recuerda la amabilidad con la que siempre fue recibido por los demás y menciona especialmente sus seis meses de viaje por Latinoamérica, donde hizo amigos que luego lo recibieron en su casa y con los que mantiene contacto casi a diario.

Volver, 20 años después
Poco más de 20 años después, Óscar vuelve a vivir en Navalmoral de la Mata.
Como él mismo lo describe, el lugar no ha cambiado mucho, pero él sí. También la gente que se encontró al llegar.
A pesar de su bienestar en Australia (con un salario difícil de conseguir en España), Óscar decide volver con una misión muy clara: que su primera hija, que nacerá en un mes, llegue al mundo en su tierra, la de sus abuelos paternos.
La esposa de Óscar, una mujer senegalesa a la que conoció en el Mundial de fútbol de Qatar, también quiere criar a su hija más cerca de su familia en África.
Más allá de la economía, la sangre pesa más que el agua.
“Lo que te das cuenta durante esos viajes es la amabilidad de la gente, lo acogedores que son. Yo siempre me he sentido muy agradecido en ese sentido, porque en todos los sitios a los que he ido me han recibido muy bien. Nunca he tenido problemas ni trabajando ni como viajero”.
Integración: una palabra clave para Óscar
El estudio jurídico fundado por Óscar se llama “IntegraEx”. Es justamente la palabra integración una de las que para él tiene un profundo significado.
“Como trabajador o como viajero, hay sitios en los que cuesta más o menos adaptarse, en los que los papeles o los permisos de trabajo son más fáciles o más difíciles, pero al final nunca me he sentido fuera de lugar. Pero también tiene que partir de ti. Tiene que partir de que tú intentes adaptarte a esa cultura, de conocer su historia, de aprender el idioma, etc.”.
“Hablamos mucho de integración, pero la integración va en ambos sentidos también. Obviamente, la gente local tiene que ayudar, pero si no nace también de ti, difícilmente te vas a poder integrar”, agrega.
Tras una temporada en Estados Unidos, Óscar se fue a vivir a Vietnam. “Viví dos años en Vietnam, en la ciudad de Ho Chi Minh, la antigua Saigón”, afirma. Allí trabajó en una consultoría internacional.
“Fue una muy buena experiencia porque era un mundo completamente nuevo: una forma de pensar diferente, un idioma que nunca conseguí dominar porque era muy difícil lograr las entonaciones”.

Miradas sobre la migración
De Ho Chi Minh, él recuerda el dinamismo de su economía y la juventud de su población.
“Es una población joven la que está sosteniendo ese país. Y cuando lo comparas con poblaciones envejecidas como la nuestra en España, ves una diferencia muy clara. Al final nuestra sociedad se está envejeciendo y vamos a necesitar gente joven para poder mantener este nivel de vida”.
En Australia, Óscar encontró trabajo en una ONG que brindaba asesoramiento a solicitantes de asilo. Surgió como algo temporal, pero terminó trabajando cinco años en esa organización.
Durante el Mundial de fútbol de Qatar, tras un partido de España, vio a una mujer que llevaba una camiseta de la selección española y una bandera de Senegal. Usando sus dotes de políglota, le dijo “cómo estás” en senegalés y allí comenzó la conversación. Intercambiaron fotos y siguieron hablando.
Pocos meses después, Óscar viajó a visitarla a Senegal y finalmente terminaron casándose allí el año pasado.
La decisión de volver
“Yo creo que todas estas experiencias que te he ido contando, todos estos lugares en los que he estado, cómo me he sentido acogido, cómo me he tenido que adaptar a muchos países, culturas, formas de pensar y burocracias diferentes me hicieron reflexionar. Cada vez que volvía a España me daba cuenta de que me estaba perdiendo muchos cumpleaños y muchas fechas importantes”.
“Yo soy una persona muy apegada a mi familia y echaba de menos ese contacto. A veces nos veíamos dos veces al año como mucho, y a veces menos”, recuerda, y comenta que durante el COVID estuvo casi dos años sin viajar a España porque no podían salir de Australia.
“Entonces, una vez casado y con la idea de tener hijos, pensé que, aunque en Australia, siendo ciudadano australiano, vivíamos bien y no tendría problemas, quería que mis hijos —mi hija, que ahora viene en camino— crecieran cerca de su familia de España y de la de Senegal. Luego el tiempo dirá dónde acabaremos viviendo, pero al menos los primeros años de vida quiero que estén con sus abuelos, con su tía, que vivan esa experiencia”.
“Una vez aquí, con todas esas ideas en mente, pensando en cómo me había acogido la gente en el extranjero y en todas mis experiencias, integrándome en distintos países, quise montar algo que ayudara a personas de fuera en Extremadura”.
“No solo en el aspecto burocrático, aunque eso es importantísimo, sino con un foco en la integración. Habiendo trabajado con refugiados y solicitantes de asilo, sé lo importante que es tener documentación, que te reconozcan, poder trabajar y sentir que perteneces a un lugar. Y cuando tienes ese sentimiento de pertenencia, ahí se abre la puerta a la integración”.
“Es muy difícil integrarte si no puedes trabajar legalmente, si no puedes formarte, si no puedes educar a tus hijos o ejercer los derechos más básicos”.
Óscar afirma que la integración siempre va en doble sentido. “No se trata solo de que tú te adaptes a la cultura española, que es muy importante y todos queremos que ocurra. También nosotros, en España, tenemos que estar más abiertos que nunca. Entender por qué la gente está aquí, por qué sale de su país, por qué trae otra cultura y otra forma de pensar. Porque eso es lo que nos enriquece y, al final, nos hace humanos”.

¿Cómo podemos ayudar a la integración de los inmigrantes?
“Yo creo que tenemos la obligación, como sociedad, de ser honestos y decir: ‘Vale, vivimos en un país al que la gente quiere venir’. Pero no verlo como algo negativo; al contrario, yo estaría orgulloso de que la gente quiera venir aquí y establecerse. Tenemos la responsabilidad de que esa gente que llega se sienta cómoda y, de alguna manera, sienta también el deseo de devolver un poco de la forma en que la estamos acogiendo”.
“Pero si partimos de una actitud en la que asumimos que quien viene aquí viene a hacer el mal o con malas intenciones, entonces no estamos ayudando a mejorar la situación. Al contrario. Yo creo que al final solo nos queda un camino, porque la inmigración va a seguir llegando y la vamos a necesitar”.
“La inmigración ya está aquí. No es algo que estemos esperando a que llegue. Ya son nuestros vecinos. Son estudiantes que van a clase con nuestros hijos. Son quienes nos atienden en la panadería, en el hospital; son nuestros médicos. Al final, somos seres humanos, independientemente del lugar donde hayamos nacido. El lugar donde se nace es una lotería”.
“Yo quiero pensar que cada persona tiene su camino, que ha llegado aquí por razones distintas y que al final hay que aceptarlo. Y no solo aceptarlo, sino aprovechar y sacar lo mejor de esta situación. Sobre todo en esta región, con programas como el Proyecto TRAE del Círculo, que buscan repoblar pueblos muy bonitos que se están muriendo demográficamente”.
Una feria de colectividades
“Me gustaría que se hicieran más iniciativas interculturales”, afirma Óscar, y recuerda que en la última feria de Talayuela se vio cómo la comunidad musulmana tenía su propio stand, donde podían hablar de su cultura y compartir dulces típicos de Ramadán.
“Se podría hacer algo parecido en toda la comarca”, señala. “Al final tenemos gente de más de cincuenta países distintos y cada uno podría mostrar con orgullo de dónde viene, qué idioma habla y qué se come en su país”.
“Creo que hay muchas oportunidades, tanto por parte del ayuntamiento como de las empresas, para que en distintos eventos se pueda dar voz e imagen a la gente que viene de fuera a través de lo que más aman: su cultura, su comida y su música”.
“Eso acerca muchísimo a las personas”, agrega.
La mirada sobre la migración en el resto del mundo
La migración es tan vieja como el ser humano, pero en los últimos tiempos parece haberse convertido en un fenómeno político que adquiere una dimensión nueva. Óscar afirma que “hay oleadas, dependiendo de los políticos que estén gobernando en el país en determinado momento”.
Sin embargo, Óscar sostiene que la importancia que las sociedades le dan a la migración también tiene que ver con cómo esas comunidades “naturalizan” o “problematizan” el tránsito internacional de las personas.
“Por ejemplo, cuando vivía en Vietnam no se hablaba prácticamente de inmigración, aunque sí llegaba gente de todos lados. Pero en Australia sí se habla. A pesar de ser un país compuesto mayoritariamente por población migrante, está muy estigmatizada la llegada en barco”.
“Cuando yo llegué había un gobierno conservador y todas las personas que llegaban en barco desde Indonesia sin visado eran enviadas a centros de detención en Papúa Nueva Guinea o Nauru. Yo trabajé con personas que habían pasado por esos centros y las condiciones eran inhumanas”.
“Muchos países han querido replicar ese modelo de centros de detención. El Reino Unido, por ejemplo, tuvo la idea de hacerlo con centros en Ruanda y otros países. En cambio, España es bastante más flexible. Tenemos distintas vías de arraigo que permiten a los inmigrantes regularizar su situación, algo que no existe en muchos de los países en los que he vivido”.
“En muchos lugares, o eres una persona muy cualificada o vienes de determinados países para que realmente te faciliten las cosas. En mi caso, por ejemplo, conseguí la nacionalidad australiana muy rápido, en cuatro años. Tenía estudios, buena trayectoria profesional, venía de Europa… todo eran facilidades. Pero he trabajado con personas de África y Asia, solicitantes de asilo y refugiados, que no habían tenido la misma suerte. Yo veía cómo les hacían la vida imposible”.
“Incluso en otros países la narrativa puede ser peor. Pero sí es cierto que la inmigración se ha convertido en un tema extremadamente politizado cuando, sinceramente, creo que hay otras preocupaciones mucho más importantes, como la vivienda, la sanidad, la infraestructura o la energía. Hay muchas cosas que deberían preocuparnos más que la inmigración. Pero al final se ha convertido en un arma política”.
“Ahora, por ejemplo, se usan imágenes relacionadas con procesos de regularización para transmitir mensajes como: ‘Mira toda la gente que va a entrar, cómo hacen cola, cómo se pelean; este es el futuro que nos espera’. Y al final no es así. Cada persona que está aquí tiene un sueño, quiere construirse una vida y sentirse parte de nuestra comunidad”.
“La gente tiene muy poca memoria. Los españoles también hemos tenido que emigrar. Nos hemos buscado la vida en Venezuela, Argentina, Cuba y muchísimos otros países. Y no hace tanto de eso: fue hace menos de cien años. Mi bisabuelo buscó refugio en Francia. Por eso me cuesta entender cómo, habiendo pasado nosotros por algo muy parecido, a veces se olvida tan rápido”.
¿Los empresarios ven a la inmigración como un problema o como un beneficio?
“Sí, creo que ven las oportunidades que ofrece la inmigración. Muchas empresas con las que trabajo en la comarca ya han apostado por atraer talento a través del Proyecto TRAE. Buscan personas desde origen con perfiles especializados, pero también contratan a personas que ya están en España regularizando su situación y trabajando legalmente”.
“Reconocen el potencial de esas personas jóvenes, con energía y ganas. Muchas empresas de Extremadura me dicen claramente que, si no encuentran personal, no pueden crecer e incluso corren riesgo de desaparecer. Dependen de cubrir puestos que a veces no logran cubrir con personal local. Así que, si queremos crecer, no nos queda otra”.
IntegraEx: un servicio con experiencia y muchas herramientas para migrantes y empresarios
La consultora de Óscar, IntegraEx, trabaja con muchas empresas vinculadas al Proyecto TRAE.
“Les ayudamos a encontrar trabajadores en origen a través del Proyecto TRAE y a tramitar toda la documentación necesaria para obtener autorizaciones de residencia y trabajo, de forma que puedan incorporarse legalmente en España. También trabajamos con particulares que ya están en España y quieren regularizar su situación”, afirma.
“Por ejemplo, trabajamos con arraigos familiares, ciudadanos españoles o europeos que quieren traer familiares, o residentes extranjeros que quieren reagrupar a su familia”.
“También ayudamos a empresas que quieren regularizar a personas que ya conocen y que todavía no tienen documentación, utilizando precontratos laborales para tramitar residencia y permiso de trabajo”.
“Trabajamos con visados para nómadas digitales. En general, ofrecemos cualquier servicio de apoyo legal para extranjeros: tanto para quienes vienen a vivir y trabajar como para quienes quieren comprar vivienda, entender contratos o resolver trámites legales”.
“Los idiomas ayudan muchísimo, porque poder hablar con el cliente en su propio idioma genera muchísima confianza”.


